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Culpable

Me declaro culpable. Culpable de volar demasiado alto, de vivir deprisa y con prisa, de soñar a lo grande y despertar con hambre. Me declaro culpable. Culpable de no encontrar abrigo en ningún abrazo, de querer tan fuerte hasta hacer daño, de que no exista hogar en el que me pueda refugiar. Me declaro culpable. Culpable de amar la pasión y la tragedia a partes iguales, de agarrarme a la nostalgia cuando se nubla el presente, de ahogarme al mirar al futuro de frente. Me declaro culpable. Culpable de jugar con palabras que no dicen nada, de dibujar corazones invisibles en los cristales, de bailar con las miradas y apartar los ojos para evitar daños colaterales. Soy culpable, lo admito, pero no hay juez que me pueda condenar. Y aquí lo dejo por escrito, que mi único delito se llama libertad.

La persona

¿Sabes eso que dicen de que el mundo está lleno de gente pero de muy pocas personas? Y qué gran sensación cuando de entre toda esa gente, incluso en medio de tantas personas encuentras a LA persona. Esa que no sabes ni entiendes muy bien por qué, pero de alguna manera sientes que estaba escrito en alguna parte que se cruzara en tu camino. Es maravilloso. Porque no necesitas saber con certeza cuánto tiempo permanecerá a tu lado, pero no te importa. Puede ser una gran semana, un gran mes, un gran año o una gran vida. Pero, en cualquier caso será muy grande, casi tanto como él. Te limitas a disfrutar, exprimir al máximo cada instante, a no pensar, a dejarte llevar (aunque suene demasiado bien), a sentir, a querer, a vivir. Porque aunque no sabes qué es eso de la felicidad crees que algo tiene que ver con esas dosis diarias de vida que te proporciona estar cerca de él. Esos segundos, a veces casi imperceptibles que dan respuesta tantos porqués. Puede que aquello realmente no tenga nada...

Sólo quería decirte que...

Gracias. Porque soy feliz y gran parte de la culpa la tienes tú y esa manía tuya de sacarme una sonrisa cada vez que estás cerca. Me gusta estar contigo. Y pasar las horas muertas tumbada a tu lado, perdiéndome en tus ojos y sin querer encontrarme. No necesito nada más que ver cómo los primeros rayos de luz chocan con tu espalda al despertar. Y que no digas nada durante un rato, que te quedes callado mientras me miras. Y que te pierdan las ganas de mí. Que nos falten horas en la noche para decirnos todo sin decir una sola palabra. Que no me canse de besarte. No quiero dejar de reír contigo. De soltar una carcajada tras otra hasta que se nos olvide qué era lo que nos hacía tanta gracia. Porque no tengo ni idea de lo que es esto, ni a dónde coño vamos. Pero me da igual, no me importa. Porque lo único que quiero es seguir disfrutando de este viaje, contigo.

Azar, suerte, casualidad, destino

Dicen que las cosas siempre suceden por algo, que hay un no sé qué ahí fuera que hace que todo tenga un sentido, por ilógico que sea. Un buen día decides comprar unas entradas, por aquello de que te gusta la música y la compañía no puede ser mejor. Además, no hay nada como una buena canción en directo. Podría haber sido otro festival, en otra ciudad, con otros grupos o en otra fecha, pero eliges ese. Por cosas del azar, la suerte, la casualidad o el destino, de repente cruzas tu mirada con alguien y todo cambia. La música se detiene, la gente se difumina alrededor, sólo estáis los dos, dejándoos llevar por la magia que provocan los acordes de guitarra. Y por cosas del azar, la suerte, la casualidad o el destino, algo te dice que eso que está pasando no es más que el comienzo de algo que no sabes muy bien qué es, pero da igual, porque parece muy bueno. Descubres a una persona increíble, que te sorprende a cada segundo y de quien aprendes momento a momento. Y entonces da...

Tu regalo

Dicen que lo bueno se hace esperar. Dicen que lo que sientes, que lo que nace dentro de ti es algo que debes demostrar cada día, que las palabras sobran cuando los momentos hablan por sí solos. Sin embargo, de vez en cuando es necesario que nos recuerden que somos importantes, que alguien  en un trozo de papel nos diga: hey, que te quiero! Y aquí estoy, como siempre cuando me apetece y “no se estila” regalándote un poco de eso que tanto te gusta… Cuesta pensar en un día feliz de mi vida en el que no aparezcas tú por medio, con tu sonrisa y tus ojos azules, con tus manos diminutas y tus incansables ganas de disfrutar cada instante. Eres una de esas personas sin las que soy incapaz de contar para cualquier cosa, porque siempre tienes tiempo para una caña, un piti, para una larga conversación o para una noche más larga todavía. Porque me das alegría, porque me motivas, porque proporcionas a mi vida esa energía que hace que me sienta siempre con ganas de comerme el mundo, eso sí, ...

Recuerdos

Hoy me he acordado de ti, de mis primeros pasos por tus aceras, y de cómo mis piernas temblaban de no saber qué sorpresas me darías. Hoy me he acordado de lo preciosa que eres a pesar de los años, que no hay arrugas más hermosas que tus ruinas, que eres la anciana con más vida que he conocido. Hoy me he acordado de tus fuentes, de esas gotas de esperanza que emanan sin pausa, de tantos deseos acuñados en monedas. Hoy me he acordado de tus tejados, de lo cerca que parece el cielo cuando te tengo a mis pies. Hoy me he acordado de tu caos, de ese maravilloso desorden en el que logré encontrarme a mí misma. Hoy me he acordado de tus gentes, de ese susurro tan suave disfrazado de idioma que adoraba escuchar cada mañana, de esa manera de hipnotizar con las palabras. Hoy me he acordado de ellos, de aquellos extraños que sin querer aparecieron en mi camino, de sus caras, sus acentos, sus maneras, de cómo alegraban mis días, de los bailes, las confidencias, las risas, los llantos c...

Cobardes y margaritas

Pensó que tal vez la soledad era un buen remedio para huir de aquel puñado de cobardes. Miraba hacia atrás y solo veía la sombra de lo que pudo ser y no fue, todo por culpa del temor que les había producido sumar uno más uno. No se la habían jugado, no habían apostado por ella, se habían conformado con unos pocos besos y después nada. Esa panda de idiotas que habían prometido hasta dejar volar las palabras y esfumarse con ellas. Armados de absurdas excusas adornadas de verborrea barata, asustados al comprobar que el siguiente paso implicaba ponerse serios. Unas veces la distancia, otras "no eres tú, soy yo", otras simplemente el maldito miedo a mirar a sus sentimientos a la cara.   Se sentía culpable de un crimen que no había cometido, trataba de encontrar una explicación mientras sus lágrimas caían en gotas de frustración y engaño. Y ellos se hacían llamar hombres. Hombres de los que sacan pecho tras un ramo de flores y agachan la cabeza tras una mentira. Hombres que no s...