Estoy borracha. Ebria de pensarte, ahogándome en cada gota de ti que salpica mi mente. No puedo dormir, todo me da vueltas, no he bebido y me siento mareada. Es tu culpa. Mi cabeza gira siguiendo el vaivén de tus impulsos, no sé qué pasa. El insomnio sólo ayuda a que mis pensamientos se muevan más rápido, casi sin control. Sólo tú puedes parar esta locura, esta juerga sin licencia que se han montado mis ideas. Estoy borracha. Apenas veo y tengo los ojos bien abiertos, no sé qué coño hago aquí. Yo sólo quería tomarme un par de besos contigo y ahora estoy como una cuba, se me ha ido de las manos. Y tú me dices sin hablar que se acabó, que están chapando, que la fiesta ha terminado. No bastará con mucha agua para curar esta resaca...
Mecano cantaba que es en los últimos minutos del año cuando toca hacer balance de lo bueno y malo. A mí, por naturaleza (y un poco por salud mental) me gusta quedarme siempre con todas las cosas positivas que me ha aportado - aunque, querido 2018, me lo has puesto un poco difícil -. Así que he decidido que la palabra que mejor resume estos 365 días es: APRENDIZAJE. He aprendido que salir del agujero que te ahoga no es huir, es volar, es buscar tu libertad. Los valientes son los que dejan atrás lo que les hace daño, lo que les limita, lo que les impide crecer. Porque si algo no te gusta, cámbialo. He aprendido que nuestro lugar en el mundo está donde nos sentimos felices, aunque no sea lo que hemos planeado, aunque implique abandonar la vida que creíamos que habíamos construido a medida para nosotros. Porque los sitios son las personas y pertenecemos a cada rincón donde hemos encontrado abrigo. He aprendido que es importante pedir ayuda cuando no ves la salida, que la mente es po...

Comentarios
Publicar un comentario