Estoy borracha. Ebria de pensarte, ahogándome en cada gota de ti que salpica mi mente. No puedo dormir, todo me da vueltas, no he bebido y me siento mareada. Es tu culpa. Mi cabeza gira siguiendo el vaivén de tus impulsos, no sé qué pasa. El insomnio sólo ayuda a que mis pensamientos se muevan más rápido, casi sin control. Sólo tú puedes parar esta locura, esta juerga sin licencia que se han montado mis ideas. Estoy borracha. Apenas veo y tengo los ojos bien abiertos, no sé qué coño hago aquí. Yo sólo quería tomarme un par de besos contigo y ahora estoy como una cuba, se me ha ido de las manos. Y tú me dices sin hablar que se acabó, que están chapando, que la fiesta ha terminado. No bastará con mucha agua para curar esta resaca...
Dicen que lo bueno se hace esperar. Dicen que lo que sientes, que lo que nace dentro de ti es algo que debes demostrar cada día, que las palabras sobran cuando los momentos hablan por sí solos. Sin embargo, de vez en cuando es necesario que nos recuerden que somos importantes, que alguien en un trozo de papel nos diga: hey, que te quiero! Y aquí estoy, como siempre cuando me apetece y “no se estila” regalándote un poco de eso que tanto te gusta… Cuesta pensar en un día feliz de mi vida en el que no aparezcas tú por medio, con tu sonrisa y tus ojos azules, con tus manos diminutas y tus incansables ganas de disfrutar cada instante. Eres una de esas personas sin las que soy incapaz de contar para cualquier cosa, porque siempre tienes tiempo para una caña, un piti, para una larga conversación o para una noche más larga todavía. Porque me das alegría, porque me motivas, porque proporcionas a mi vida esa energía que hace que me sienta siempre con ganas de comerme el mundo, eso sí, ...

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