En ese rincón, que ha sido cómplice de nuestros besos furtivos, que se ha quemado con nuestro fuego y ha envidiado cada una de nuestras caricias. En ese rincón, escenario de nuestro gran espectáculo, de las noches de éxtasis y arrebato. En ese rincón al que entro deseando que estés allí, con tus ojos atentos a mis movimientos, con tu boca tentándome. En ese rincón en el que nuestras miradas cruzan, chocan y se dan la vuelta. Espérame allí, detrás de la barra que nos separa y la derribaremos de un golpe.
Dicen que lo bueno se hace esperar. Dicen que lo que sientes, que lo que nace dentro de ti es algo que debes demostrar cada día, que las palabras sobran cuando los momentos hablan por sí solos. Sin embargo, de vez en cuando es necesario que nos recuerden que somos importantes, que alguien en un trozo de papel nos diga: hey, que te quiero! Y aquí estoy, como siempre cuando me apetece y “no se estila” regalándote un poco de eso que tanto te gusta… Cuesta pensar en un día feliz de mi vida en el que no aparezcas tú por medio, con tu sonrisa y tus ojos azules, con tus manos diminutas y tus incansables ganas de disfrutar cada instante. Eres una de esas personas sin las que soy incapaz de contar para cualquier cosa, porque siempre tienes tiempo para una caña, un piti, para una larga conversación o para una noche más larga todavía. Porque me das alegría, porque me motivas, porque proporcionas a mi vida esa energía que hace que me sienta siempre con ganas de comerme el mundo, eso sí, ...

Comentarios
Publicar un comentario